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La ruptura frustrada:
Lo nuevo a la sombra de lo viejo en algunos tangos de Manuel Romero
¿Cómo explicar que antes de la época dorada hubo un intento paródico del tango? Quizás no sea parodia el término apropiado, puesto que ella se adecuaría más a la poética de Santos Discépolo, tal como la describe Pesce en su artículo “Discépolo, Onetti y Scalabrini Ortiz. El ancho mundo de la literatura y la cultura popular”. Será, tal vez, un gesto de reproche o simplemente uno burlón del diálogo que crea Manuel Romero entre “Tiempos viejos” y “Tiempos nuevos”. Según Franciso Canaro, la primera data de 1925. En cuanto a la segunda, si bien su fecha no está determinada con exactitud, se deduce que fue escrita en el período 1927-32 en el que Manuel Romero editó las letras con el nombre de su hermano Julio. Más allá de la fidelidad de los testimonios, es evidente que una es posterior a la otra. En la corporalidad misma de la palabra, las letras entablan una intertextualidad que, incluso, llega a la (auto)cita explícita de Romero.
“Tiempos viejos”: ¿Te acordás, hermano? ¡Qué tiempos aquéllos!
“Tiempos nuevos”: […] y cuando están mamados [los jovies que formaron la Guardia Nacional]les da por recordar: “Hermanos, aquellos tiempos que pasaron, ¿te acordás la noche que rompí un espejo en el Petit?”
No es sólo esta referencia burlona de un tango a otro, sino que existen otros elementos poéticos de intertextualidad, como la gomina o el cocó, o como el cambio de la letra dialógica de “Tiempos viejos” a un nosotros exclusivo más propio de manifiestos vanguardista de la época y también a la teatralización en “Tiempos nuevos” de aquella recreada en su predecesora. Además, en el caso de la gomina, otros tangos de Romero refieren a los valores sociales que su uso remite; como, por ejemplo, en “¡Pero usa gomina!” o “¡Gabino!”. En estas letras, Romero pone en juego no sólo los tiempos de la vida, sino los del tango como escuela de valores. No obstante, este leve giro en la visión de Romero sobre el tango y la propia producción poética parece no continuar en la línea de “Tiempos nuevos”. Basada en “Tiempos viejos”, en 1926 Romero escribe la obra de teatro Los muchachos de antes no usaban gomina, la cual fue llevada al cine en 1937 y 1948. Proponemos indagar, entonces, la intertextualidad entre “Tiempos viejos” y “Tiempos nuevos” de Romero en un contexto en el que el cine otorga otros éxitos y fracasos para la poética del tango.
En este domingo victorioso, la Carta de Walter a los benjamines de Roma:
Sólo el Mesías consuma [vollenden] todo acontecer histórico y, en este sentido, libera [erlösen] su remisión a lo mesiánico, la consuma, la crea. Por eso, nada histórico puede querer remitir por sí mismo a lo mesiánico. Por eso, el Reino de Dios no es el télos de la dýnamis histórica; no puede ser puesto como una meta [Ziel]. Visto históricamente, no es una meta, sino un fin [Ende]. Por eso, el orden de lo profano no puede ser constituido en el pensamiento del Reino de Dios. Y, por eso, la teocracia no tiene un sentido político, sino sólo uno religioso. Haber negado con tanta intensidad el sentido político de la teocracia es el mayor mérito del Espíritu de la Utopía de Bloch.
El orden de lo profano debe erigirse sobre la idea de la felicidad. La remisión de este orden a lo mesiánico es una de las enseñanzas esenciales de la filosofía de la historia. Y ella produce una concepción mística de la historia, cuyo problema puede explicarse en una imagen. Si el extremo de una flecha apunta a la meta en la cual se destaca la dýnamis de lo profano y el otro extremo apunta hacia la intensidad mesiánica, la búsqueda de la felicidad por parte de la humanidad libre intenta escapar de esa dirección mesiánica. Pero, así como una fuerza tiene la virtud de atraer por su trayecto a otra fuerza que va en dirección contraria, el orden profano también promueve la venida del Reino mesiánico. Lo profano no es, entonces, una categoría de ese Reino, pero sí una categoría, la más acertada, de su aproximación más discreta. Pues en la felicidad todo lo terrenal aspira a su ocaso, y sólo en la felicidad le está destinado hallar el ocaso –mientras la inmediata intensidad mesiánica del corazón, del interior del individuo humano, pase por la infelicidad, en el sentido del sufrimiento–. Con la restitutio in integrum espiritual[2], que introduce en la inmortalidad, se corresponde una mundana que conduce a la eternidad de un ocaso. Y el ritmo de lo mundano que discurre [vergehend] eternamente, de lo mundano que discurre en su totalidad, en su totalidad espacial pero también temporal, el ritmo de la naturaleza mesiánica, es la felicidad. Pues mesiánica es la naturaleza de su eterno y total acontecimiento discurrido [Vergängnis].
Aspirar a este acontecimiento discurrido, incluso, para aquellas fases del hombre que son naturaleza, es la tarea de la política mundial, cuyo método ha de llamarse nihilismo.
[1] Benjamin, Walter, Theologiches-politisches Fragment, en: Gesammelte Schriften, edición al cuidado de R. Tiedemann/H. Schweppenhäuser, Frankfurt/M., Suhrkamp, 1991, tomo II, 1, pp. 203-204. A diferencia de Adorno que lo fechaba en 1938, los editores sostienen que fue escrito entre 1920/21. El título fue puesto por el mismo Adorno.
[2] El término geistlich, aquí traducido por “espiritual”, debe distinguirse de geistig. Mientras el primero remite a lo religioso en oposición a lo profano, el segundo lo hace en oposición a lo material.
Walter Benjamin, Estética y Política, Editorial Las cuarenta.Se puede decir haitianización.
"Martínez consideró que enviar a los militares a vivir a los pueblos de la frontera no resuelve el problema y calificó como un allante el plan que anunciaron en ese sentido las Fuerzas Armadas.
Mientras que el Alto Comisionado de los Derechos Humanos, Porfirio Rojas Nina, entiende que la solución es enviar a esos haitianos a su país, pero mediante un acuerdo entre los gobiernos de Haití y República Dominicana, para que se produzca una salida lenta y pacífica, sin violentar sus derechos." Por el Listín Diario (República Dominicana).